-Tenemos un parapente bastante cerca de nosotros.

-¿Qué posición tiene el parapente?

-Estamos a 6.800 pies.”

-¿A la misma altitud?”

-A la misma altitud, sí; un poco más abajo.

Ésta es parte de la comunicación que a las 15:53:34 del 12 de marzo de 2016 mantuvo el piloto del Boeing 737-800 de la compañía Norwegian con la torre de aproximación del aeropuerto de Málaga.

El contacto constata la sorpresa de la tripulación del aeronave, procedente de Gatwick y con 180 pasajeros a bordo, al toparse con un parapente en su maniobra de aproximación del aeródromo. La aparición del objeto volador no autorizado, en un espacio en el que están restringidas desde hace años este tipo de actividades, obligó al piloto a realizar un maniobra de emergencia para evitar la colisión.

El documento técnico emitido tras la investigación del incidente recoge el detalle del informe de seguridad del comandante del vuelo, el IBK9BV. En el mismo, el piloto, de nacionalidad belga de 45 años, cuenta lo sucedido. “A 7.000 ft el copiloto y yo vimos algo enfrente y pensamos que era un pájaro, un segundo o dos después identificamos un parapente. Instantáneamente hice un viraje a la derecha con 30 grados de alabeo para evitar la colisión. El parapente hizo el mismo viraje a su derecha y pasó a menos de 100 metros de nuestra ala izquierda”.

“Probablemente estaríamos de acuerdo con la persona del parapente en que fue nuestro día de suerte; no puedo pensar en las consecuencias si hubiéramos tenido todavía conectado el piloto automático o no hubiéramos mirado afuera; con seguridad no habríamos podido hacer la maniobra de evasión”, añade el testimonio de comandante del avión. La torre, en la citada comunicación, confirmó que no había notificación sobre actividades de parapentes en esa zona.

La zona en la que se produjo este incidente era Valle de Abdalajís, municipio que desde hace años está incluido en el denominado CTR (Controlled Traffic Region), espacio que tiene la finalidad de proteger las entradas y salidas de los aparatos. El informe técnico sobre el incidente de marzo de 2016 aportaba una serie de recomendaciones de seguridad operacional. Entre ellas, se pedía a la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (Aesa) “que se tomen las medidas mitigadoras que se consideren oportunas en el ámbito del Programa Estatal de Seguridad Operacional (Peso) con objeto de mitigar los riesgos asociados a la presencia de parapentes en esta zona no autorizada”. Y, añadía como segunda demanda: “se recomienda a la Agencia Estatal de

Seguridad Aérea que incremente la supervisión en la zona del Valle de Abdalajís para detectar la presencia de aeronaves no autorizadas dentro de este espacio aéreo”.No fue la primera vez en la que la presencia de parapentes en este entorno geográfico provocaba la alerta. De acuerdo con la información aportada por Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena), el 5 de enero de 2016 fueron remitidas por la dirección del aeropuerto de Málaga sendas cartas al Ayuntamiento de Valle de Abdalajís y a la Subdelegación del Gobierno en la provincia en las que se informaba “sobre las notificaciones recibidas por parte de tripulaciones de aeronaves acerca de la presencia de parapentes y paramotores en el Valle de Abdalajís, dentro del CTR de aeriopuerto, con los riesgos que esto representa para la navegación aérea, y se solicitaba la limitación de dichas actividades de vuelo”. En esta misma información se añade que otras comunicaciones similares fueron realizadas los días 22 de junio y 20 de noviembre de 2015.

Lejos de observarse una reacción por parte del Ayuntamiento de la localidad, es constatable la labor de promoción que hace de esta actividad, al punto de elevar a la categoría de “capital del vuelo” al municipio. La propia página web municipal incluye información y contactos de varios clubes de vuelo, al tiempo que pone en valor las condiciones de la localidad para la práctica de este deporte. Incluso, se pueden observar imágenes de señalética informando a los visitantes de las zonas en la se puede practicar esta actividad.

Este periódico contactó con Aesa para conocer las acciones que se llevan a cabo para poder controlar esta actividad. Desde el organismo, dependiente del Ministerio de Fomento, informaron de la emisión de comunicaciones de seguridad y de la colocación de carteles en las zonas donde está prohibida. “Los ayuntamientos nos tienen que apoyar pero no tienen responsabilidades”, expuso una fuente del ente. La Subdelegación del Gobierno, por su parte, acota su capacidad de maniobra al levantamiento de actas en los casos en los que haya denuncia por vuelos irregulares, información que posteriormente es elevada a Aesa para continuar o no en el procedimiento. La actividad desarrollada por la Guardia Civil sí permitió años atrás el cierre de un club desde el que se realizaban saltos.

A esto sumó el año pasado varios encuentros internos y con los ayuntamientos malagueños que estaban dentro del CTR del aeropuerto. “En ella se les trasladó la normativa y la imposibilidad de hacer vuelos libres y de permitir los vuelos no solo de parapentes sino de drones y vuelos a motor que afectasen al CTR”, explicaron fuentes de la Subdelegación.

Fuente: Málaga Hoy

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